TOMADO DEL NUEVO HERALD

Cobertura sin mediaciones políticas, el periodismo independiente en Cuba

por Sara Gómez Armas

EFE

La Habana

11 de octubre de 2017 5:16 PM
















Despojados de los corsés ideológicos de la prensa oficial en Cuba, un grupo de jóvenes periodistas se sirve de medios alternativos, nacidos al calor de internet, para narrar a pie de calle otra Cuba, más compleja, rica y plural, en el limbo legal del mundo digital, todavía sin regular en la isla.

“El Toque”, “El Estornudo” o “Periodismo de Barrio” son algunas de las publicaciones digitales surgidas en la isla para desarrollar un periodismo independiente, desmarcado tanto de los medios estatales, controlados por el oficialismo, como de los vinculados a la disidencia que a menudo se escriben fuera de Cuba.

Una comunidad entera que se negó a votar por las promesas incumplidas de sus dirigentes, el comercio ilegal de juguetes sexuales, la contaminación que genera la destilería del ron Havana Club o las condiciones insalubres de algunos barrios son algunas de las historias que han visto la luz gracias a estos medios.

“Ese grado de libertad, esa sensación de hacer lo que tu responsabilidad y compromiso como periodista indica es maravilloso y no la sentía así en los medios estatales. Ahora puedo hacer una cobertura sin las mediaciones políticas de las conveniencias”, contó el director de “El Toque”, José Jasán Nieves, de 30 años.

La publicación, una de las pioneras, nació en 2014 con el apoyo de RNW Media, una ONG holandesa que impulsa la creación de medios plurales en países sin libertad de prensa, aunque para final de año pasará a ser un proyecto íntegramente cubano autofinanciado con publicidad y venta de servicios.

En sus cuatro años de andadura, “El Toque” se ha esforzado por contar “historias de ciudadanía”, como las de los emprendedores del incipiente sector privado, uno de los motores del cambio en Cuba.

“No son solo las historias, también estamos orgullosos del tono que empleamos, más reflexivo y menos polarizado”, apuntó Jasán.

Con poco más de un año de vida, la revista “El Estornudo”, con el periodismo literario como sello, ya presume de contar con el prestigioso premio Gabriel García Márquez de periodismo por el texto “Historia de un paria”, de Jorge Carrasco.

El trabajo narra la vida de Farah María, el travesti más conocido de La Habana, al tiempo que muestra un “retrato amplio y versátil de la vida en la Cuba de hoy”, según el jurado del galardón.

“El premio nos confirma que estamos en el camino correcto y nos invita a avanzar, a seguir narrando esa Cuba que no se encuentra en casi ningún sitio dentro de la depauperada prensa cubana”, señaló el director de “El Estornudo”, Abraham Jiménez Enoa, de 29 años.

Según Abraham, cuando alguien dentro de 30 años rescate el ejemplar de Granma de hoy “estará leyendo sobre un país que no existe”, una realidad paralela que es la que a su juicio muestra el diario, órgano oficial del Partido Comunista cubano.

Igual que “El Toque”, el equipo de “El Estornudo” no tiene una sede: se reúnen periódicamente para repartir temas o consensuar enfoques, escriben en sus casas y publican desde los parques wifi que han nacido en Cuba en los últimos dos años, a 1.5 dólares la hora de conexión.

“Es muy difícil subsistir. Es extenuante trabajar en esas condiciones. Venir a un parque, escribir bajo la sombra de un árbol cayéndote hormigas; si llueve hay que irse”, apuntó Jiménez, convencido de que el esfuerzo merece la pena.

Sin apoyo económico, los periodistas de “El Estornudo” solo cobran si “venden” alguno de sus trabajos a grandes medios, como ha sucedido con BBC Mundo, Al Jazeera, Univisión o The Huffington Post.

Con enfoque ambientalista, “Periodismo de Barrio” ha introducido en la agenda mediática de Cuba desde 2015 temas sobre cambio climático, comunidades vulnerables o acceso al agua con largos reportajes de investigación.

“Lo conseguido hasta hoy es mucho porque un grupo de medios está demostrando que se puede hacer buen periodismo por jóvenes graduados de las universidades cubanas sin responder a intereses políticos”, indicó Julio Batista, de 28 años, del consejo editorial de “Periodismo de Barrio”.

Se financian con fondos internacionales como los de la Fundación Sueca de Derechos Humanos, un aporte que permite a sus periodistas recibir una “remuneración justa” por su trabajo, frente al exiguo salario de 20 dólares al mes que pagan los medios estatales.

Aunque según Julio, reducir al salario la eclosión de los medios alternativos es un “error”, pues la mayoría de sus periodistas escriben “por una cuestión de realización profesional”.

Los tres jóvenes coinciden en que el futuro de estas publicaciones pasa por su legalización, ya que ahora acometen su labor de forma “alegal” como medios digitales sin regular en la isla, donde la ley sólo contempla prensa escrita, radio y televisión.

Jasán sueña con una nueva ley de prensa “incluyente” que inscriba estos medios en la legalidad: “no puedo evitar sentirme completamente ilegal porque no tengo nada que me defienda”.

“Lo que hay que regular no es la propiedad del medio, sino la responsabilidad del periodista con la ciudadanía como servicio público”, puntualiza Julio.T


TOMADO DEL NUEVO HERALD


















Veteranos cubanoamericanos de la guerra de Vietnam siguen denunciando abusos

por Manuel C. Díaz

Especial/el Nuevo Herald

12 de octubre de 2017 7:09 PM

El 17 de mayo de 1962 Andrés García llegó a Estados Unidos a través de la Operación Pedro Pan, un programa coordinado por la Iglesia Católica durante el cual más de 14,000 niños y jóvenes cubanos pudieron escapar de la isla. Andrés solo tenía 16 años y había salido de Cuba con una pequeña maleta que contenía tres mudas de ropa y un puñado de sueños. Fue enviado a vivir con sus tíos a Nueva York hasta que llegasen sus padres. La década de los 1960 recién comenzaba, John F. Kennedy era presidente y la Guerra de Vietnam, que llegó a ser la contienda bélica más larga, sangrienta y costosa en la historia de Estados Unidos, era apenas una remota posibilidad.

Sin embargo, pronto todo comenzaría a cambiar. El incidente del golfo de Tonkín, en 1964, obligó al presidente Lyndon B. Johnson a solicitar del Congreso una ampliación de las misiones militares. Un año después se autorizó la operación Rolling Thunder, los cazabombarderos norteamericanos atacaron instalaciones norvietnamitas y la guerra se intensificó. En enero y febrero de 1967 se lanzaron las operaciones Cedar Falls y Junction City, dos de las más grandes campañas terrestres de Estados Unidos en aquella contienda. Al año siguiente, García fue reclutado y enviado al campo de entrenamiento Fort Lewis en Washington. Unos meses después ya estaba combatiendo en Vietnam con la 82 División de Paracaidistas.

“Cuando llegamos nos trasladaron a la base de Phubai, que era la jefatura de la 82 División”, cuenta García. “Desde allí nuestro pelotón salía en misiones hacia el área del Valle de Ashau. Por esa fecha ya la Ofensiva del Tet había fracasado y el Regimiento 22 del Ejército de Vietnam del Norte había tenido que refugiarse en las montañas”.

García no fue el único cubanoamericano que combatió en Vietnam. Otros muchos lo hicieron, como Herminio Lorenzo, quien llegó con 15 años de edad a Estados Unidos en diciembre de 1961, también a través de la Operación Pedro Pan. Algunos años más tarde, recién graduado de High School, fue reclutado y enviado a Fort Jackson en Carolina del Sur, desde donde fue trasladado a Fort Benning, en Georgia. Llegó a Vietnam en 1968 y combatió con la Tercera Brigada de la 82 División de Paracaidistas hasta que fue herido.


 “Estábamos de patrulla cerca de la frontera con Laos cuando comenzó el combate. Eran las ocho de la mañana y nos habían ordenado movernos hacia la izquierda cuando de repente, mientras avanzábamos por un trillo, tropezamos con una avanzada del ejército de Vietnam del Norte y me vi frente a frente con uno de sus combatientes”, recuerda Lorenzo. “Ambos disparamos al mismo tiempo: él cayó hacia atrás y yo me arrastré herido hasta una de las trincheras de los vietnamitas que había sido abandonada, desde donde lancé una granada hacia los que todavía seguían avanzando. La bala me había entrado por el hombro izquierdo y había salido por la espalda”.

Al terminar la guerra, todos los jóvenes cubanoamericanos que combatieron en Vietnam rehicieron sus vidas: se casaron, formaron sus propias familias y se incorporaron a la sociedad como ciudadanos norteamericanos. García, por ejemplo, trabajó en la banca privada durante más de 30 años y Lorenzo se retiró siendo director del Departamento de Bomberos y Rescate de Miami-Dade.

Otros, sin embargo, no tuvieron la misma suerte: cayeron en combate. Sus nombres están inscritos en la llamada Pared Conmemorativa del Monumento a los Veteranos de Vietnam, en Washington, junto al de los más de 58,000 norteamericanos muertos y desaparecidos durante la guerra. No son muchos; apenas veinte. Pero no por eso dejan de brillar con la misma intensidad en el granito negro sobre el que están grabados sus nombres: Diego Amador, el primero en orden alfabético y Wilfredo P. Zamora, el último en la lista. Y entre ambos, el resto de los nombres: Eduardo E. Casañas, César E. Carballo, Louis A. Carricarte, Pedro Casals, Adolfo M. Estrada, Carlos A. Farto, Enrique G. Fernández, Evelio A. Gómez, Darío D. Guerra, Noel B. Hernández, Manuel E. Mesa Jr., Irenaldo Padrón, Celso Pérez, Elpidio J. Ravelo, Fernando A. Rivera Jr., Luis J. Simancas y Félix Sosa Camejo.

 

Andrés García estuvo destacado en Vietnam con la 82 División de Paracaidistas.

Cortesía

Pero los que sobrevivieron también siguieron siendo, con mucho orgullo, veteranos de guerra. Así, muchos de ellos se inscribieron en la American Legion y en la Veterans of Foreign Wars, hasta que, junto a otros de sus compañeros, decidieron fundar la Cuban American Veterans Association (CAVA, por sus siglas en inglés), desde la cual poder, según se establece en uno de sus varios estatutos, “reclamar la libertad de todos los presos políticos dentro de la isla y la de los que cumplen prisión fuera de Cuba por actos que fueron cometidos luchando por la libertad de su patria’.

 

En entrevista con el Nuevo Herald, Francisco Penelas, actual presidente de esa organización, explica cuáles eran sus propósitos.

“La idea era agrupar veteranos cubanoamericanos que estuviesen interesados en los destinos de Cuba”, dice Penelas.

Una de las primeras actividades del grupo fue su participación en las audiencias celebradas por el Comité de Relaciones Internacionales de la Cámara de Representantes de Estados Unidos sobre el llamado The Cuban Program, un diabólico experimento psicológico que buscaba la total sumisión de los prisioneros de guerra a sus captores y en el cual 20 soldados norteamericanos fueron torturados por agentes cubanos en un campamento conocido como The Zoo, ubicado en un suburbio residencial en las afueras de Hanoi.

García, que es uno de los miembros fundadores de la organización, fue el encargado de testificar en las audiencias.

“Presentamos fotos del comandante de brigada cubano Fernando Vecino Alegret, que ya había sido identificado por el coronel Ed Hubbard como uno de los tres agentes castristas que torturaron salvajemente a prisioneros de guerra norteamericanos”, cuenta. “También presentamos por escrito el testimonio de Leonardo Viota, veterano de Vietnam y miembro de CAVA, en el que atestiguaba que estando estacionado en la base de Long Binh como parte del Batallón Q.M. 64, fue enviado a inspeccionar el suministro de petróleo en una base en la frontera entre Vietnam y Cambodia donde el comandante le sugirió que no revelara que había nacido en Cuba porque a solo dos millas de allí estaba operando una brigada del Ejército de Vietnam del Norte y los oficiales que hacían los interrogatorios a los soldados capturados eran cubanos y estaban usando la tortura como parte de sus técnicas de interrogación”.TOMADO DEL NUEVO HERALD

Veteranos cubanoamericanos de la guerra de Vietnam siguen denunciando abusos

por Manuel C. Díaz

Especial/el Nuevo Herald

12 de octubre de 2017 7:09 PM

El 17 de mayo de 1962 Andrés García llegó a Estados Unidos a través de la Operación Pedro Pan, un programa coordinado por la Iglesia Católica durante el cual más de 14,000 niños y jóvenes cubanos pudieron escapar de la isla. Andrés solo tenía 16 años y había salido de Cuba con una pequeña maleta que contenía tres mudas de ropa y un puñado de sueños. Fue enviado a vivir con sus tíos a Nueva York hasta que llegasen sus padres. La década de los 1960 recién comenzaba, John F. Kennedy era presidente y la Guerra de Vietnam, que llegó a ser la contienda bélica más larga, sangrienta y costosa en la historia de Estados Unidos, era apenas una remota posibilidad.

Sin embargo, pronto todo comenzaría a cambiar. El incidente del golfo de Tonkín, en 1964, obligó al presidente Lyndon B. Johnson a solicitar del Congreso una ampliación de las misiones militares. Un año después se autorizó la operación Rolling Thunder, los cazabombarderos norteamericanos atacaron instalaciones norvietnamitas y la guerra se intensificó. En enero y febrero de 1967 se lanzaron las operaciones Cedar Falls y Junction City, dos de las más grandes campañas terrestres de Estados Unidos en aquella contienda. Al año siguiente, García fue reclutado y enviado al campo de entrenamiento Fort Lewis en Washington. Unos meses después ya estaba combatiendo en Vietnam con la 82 División de Paracaidistas.

“Cuando llegamos nos trasladaron a la base de Phubai, que era la jefatura de la 82 División”, cuenta García. “Desde allí nuestro pelotón salía en misiones hacia el área del Valle de Ashau. Por esa fecha ya la Ofensiva del Tet había fracasado y el Regimiento 22 del Ejército de Vietnam del Norte había tenido que refugiarse en las montañas”.

García no fue el único cubanoamericano que combatió en Vietnam. Otros muchos lo hicieron, como Herminio Lorenzo, quien llegó con 15 años de edad a Estados Unidos en diciembre de 1961, también a través de la Operación Pedro Pan. Algunos años más tarde, recién graduado de High School, fue reclutado y enviado a Fort Jackson en Carolina del Sur, desde donde fue trasladado a Fort Benning, en Georgia. Llegó a Vietnam en 1968 y combatió con la Tercera Brigada de la 82 División de Paracaidistas hasta que fue herido.

[Trump nombró a cubanoamericana para un alto puesto en su gobierno]

 

 “Estábamos de patrulla cerca de la frontera con Laos cuando comenzó el combate. Eran las ocho de la mañana y nos habían ordenado movernos hacia la izquierda cuando de repente, mientras avanzábamos por un trillo, tropezamos con una avanzada del ejército de Vietnam del Norte y me vi frente a frente con uno de sus combatientes”, recuerda Lorenzo. “Ambos disparamos al mismo tiempo: él cayó hacia atrás y yo me arrastré herido hasta una de las trincheras de los vietnamitas que había sido abandonada, desde donde lancé una granada hacia los que todavía seguían avanzando. La bala me había entrado por el hombro izquierdo y había salido por la espalda”.

Al terminar la guerra, todos los jóvenes cubanoamericanos que combatieron en Vietnam rehicieron sus vidas: se casaron, formaron sus propias familias y se incorporaron a la sociedad como ciudadanos norteamericanos. García, por ejemplo, trabajó en la banca privada durante más de 30 años y Lorenzo se retiró siendo director del Departamento de Bomberos y Rescate de Miami-Dade.

Otros, sin embargo, no tuvieron la misma suerte: cayeron en combate. Sus nombres están inscritos en la llamada Pared Conmemorativa del Monumento a los Veteranos de Vietnam, en Washington, junto al de los más de 58,000 norteamericanos muertos y desaparecidos durante la guerra. No son muchos; apenas veinte. Pero no por eso dejan de brillar con la misma intensidad en el granito negro sobre el que están grabados sus nombres: Diego Amador, el primero en orden alfabético y Wilfredo P. Zamora, el último en la lista. Y entre ambos, el resto de los nombres: Eduardo E. Casañas, César E. Carballo, Louis A. Carricarte, Pedro Casals, Adolfo M. Estrada, Carlos A. Farto, Enrique G. Fernández, Evelio A. Gómez, Darío D. Guerra, Noel B. Hernández, Manuel E. Mesa Jr., Irenaldo Padrón, Celso Pérez, Elpidio J. Ravelo, Fernando A. Rivera Jr., Luis J. Simancas y Félix Sosa Camejo.

 

Andrés García estuvo destacado en Vietnam con la 82 División de Paracaidistas.

Cortesía

Pero los que sobrevivieron también siguieron siendo, con mucho orgullo, veteranos de guerra. Así, muchos de ellos se inscribieron en la American Legion y en la Veterans of Foreign Wars, hasta que, junto a otros de sus compañeros, decidieron fundar la Cuban American Veterans Association (CAVA, por sus siglas en inglés), desde la cual poder, según se establece en uno de sus varios estatutos, “reclamar la libertad de todos los presos políticos dentro de la isla y la de los que cumplen prisión fuera de Cuba por actos que fueron cometidos luchando por la libertad de su patria’.

 

En entrevista con el Nuevo Herald, Francisco Penelas, actual presidente de esa organización, explica cuáles eran sus propósitos.

“La idea era agrupar veteranos cubanoamericanos que estuviesen interesados en los destinos de Cuba”, dice Penelas.

Una de las primeras actividades del grupo fue su participación en las audiencias celebradas por el Comité de Relaciones Internacionales de la Cámara de Representantes de Estados Unidos sobre el llamado The Cuban Program, un diabólico experimento psicológico que buscaba la total sumisión de los prisioneros de guerra a sus captores y en el cual 20 soldados norteamericanos fueron torturados por agentes cubanos en un campamento conocido como The Zoo, ubicado en un suburbio residencial en las afueras de Hanoi.

García, que es uno de los miembros fundadores de la organización, fue el encargado de testificar en las audiencias.

“Presentamos fotos del comandante de brigada cubano Fernando Vecino Alegret, que ya había sido identificado por el coronel Ed Hubbard como uno de los tres agentes castristas que torturaron salvajemente a prisioneros de guerra norteamericanos”, cuenta. “También presentamos por escrito el testimonio de Leonardo Viota, veterano de Vietnam y miembro de CAVA, en el que atestiguaba que estando estacionado en la base de Long Binh como parte del Batallón Q.M. 64, fue enviado a inspeccionar el suministro de petróleo en una base en la frontera entre Vietnam y Cambodia donde el comandante le sugirió que no revelara que había nacido en Cuba porque a solo dos millas de allí estaba operando una brigada del Ejército de Vietnam del Norte y los oficiales que hacían los interrogatorios a los soldados capturados eran cubanos y estaban usando la tortura como parte de sus técnicas de interrogación”.Type your paragraph here.

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Visas de inmigración a EEUU para cubanos serán procesadas en Bogotá

por Nora Gámez Torres

ngameztorres@elnuevoherald.com

13 de octubre de 2017 3:41 PM

Los cubanos que soliciten visas para emigrar a Estados Unidos tendrán que hacer las entrevistas en Bogotá, Colombia, según anunció la embajada estadounidense en La Habana este viernes.

 “Debido a la suspensión de los servicios de visa de inmigrante en la embajada de los EEUU en La Habana, Cuba, el Departamento de Estado de los Estados Unidos ha designado a la embajada de los EEUU en Bogotá, Colombia, para procesar las visas de inmigrante para residentes en Cuba”, explicó la embajada en su sitio digital.

Actualmente, todas las citas de entrevistas para solicitantes de visas para emigrar o visitar Estados Unidos están canceladas, aunque la embajada aclaró que estaba estudiando cuándo comenzar a programar las entrevistas en Bogotá. Los cubanos que quieren obtener visas de visita, turismo o negocios podrán hacerlo en un tercer país.

Entre los cubanos que deberán viajar a Colombia se encuentran aquellos que solicitan visas de inmigrante para prometidos, familiares de ciudadanos estadounidenses o las personas que ganaron una de las visas de la llamada “lotería” (visas de diversidad).

Las autoridades de EEUU aún no han aclarado dónde continuarán los trámites para los enrolados en el programa de reunificación familiar para cubanos y el procesamiento de los que solicitan ser considerados refugiados.

 “El Departamento de Estado trabajará con nuestros colegas del Departamento de Seguridad Nacional para garantizar el funcionamiento continuo del Programa Cubano de Parole de Reunificación Familiar (CFRP) y el procesamiento de refugiados. El Departamento de Estado pronto anunciará los arreglos para el CFRP y los solicitantes de refugiados”, aclaró una funcionaria del Departamento de Estado a el Nuevo Herald.

El gobierno estadounidense ordenó retirar el 60 por ciento de su personal de la sede diplomática en La Habana. Adicionalmente, emitirá una alerta recomendando a los estadounidenses no viajar a la isla debido a los ataques. La emisión de visas en La Habana también quedó suspendida por tiempo indefinido. Cuba dice que las medidas afectarán las relaciones.

Estados Unidos retiró a su personal no esencial de su embajada en La Habana y emitió una alerta para advertir a los estadounidenses que no viajen a Cuba, luego de denunciar ataques a la salud de una veintena de sus diplomáticos en ese país. La agencia AP recientemente obtuvo una grabación de uno de los extraños sonidos escuchados por los diplomáticos afectados en sus residencias y en hoteles en La Habana, y que generaron la hipótesis de un ataque “sónico”.

Aún se desconoce quiénes son los responsables de esta agresión.

La cancillería colombiana no contestó inmediatamente preguntas sobre si los cubanos en trámites para emigrar a Estados Unidos podrían obtener visas para viajar a Colombia con más facilidad. (Actualmente Colombia exige documentos que prueben la tenencia de fondos en el banco, un requisito que muchos cubanos no pueden cumplir).

Al respecto, una funcionaria del Departamento de Estado dijo que EEUU comunicó al gobierno colombiano sobre los planes de procesar visas de inmigrantes para cubanos en Bogotá. “Agradecemos al Gobierno de Colombia por su receptividad a esta solicitud”, señaló.

El gobierno de Colombia, indicó la funcionaria, “hace determinaciones sobre la entrada de extranjeros en ese país. Los ciudadanos cubanos que viajan a Colombia para una cita de visa de inmigrante en la embajada de EEUU en Bogotá primero deben obtener una visa para ingresar a Colombia”.

El Centro Nacional de Visas contactará a los solicitantes de visas de inmigración con los datos de su entrevista en Bogotá. La embajada de EEUU en La Habana contactará directamente a estas personas y a aquellos que ya fueron entrevistados en La Habana para ofrecer información adicional.

Siga a Nora Gámez Torres en Twitter: @ngameztorres